La identidad de la mujer ante el diagnóstico del Cáncer de mama

Hoy, 19 de Octubre, es el día Mundial del Cáncer de mama y desde el Centro Médico Caracense queremos rendir homenaje a todas las mujeres que luchan contra esta enfermedad, y a todas aquellas personas que están junto a ellas.

 

El cáncer de mama es una enfermedad que afecta a 1 de cada 8 mujeres en la actualidad. Aunque bien es cierto que esta enfermedad también puede diagnosticarse a varones, es la población femenina a la que mayormente afecta. Las tasas de supervivencia a 5 años para las mujeres con cáncer de mama en la etapa 0 ó 1 es de casi el 100% por lo que el trabajo en la prevención es muy importante en mujeres en edad adulta.

 

     Cuando se recibe el diagnóstico de cáncer de mama la persona queda en un estado de perplejidad que poco a poco tiene que ir afrontando y por el que puede pasar por diferentes etapas. Supone aceptar que es una enfermedad grave y que, por lo consiguiente, hay una pérdida de la salud. Se ve el futuro de manera confusa, incierta... y esto puede ocasionar sentimientos desoladores a la persona. Ha de sufrir un duelo sobre diferentes aspectos de su identidad y de su vida. Puede pasar que, en un primer momento, la persona niegue que tiene la enfermedad, este estado puede durar horas, días e incluso semanas. Una vez asumido el diagnóstico, aparece una reacción de sentimientos como ira o enfado por padecer dicha enfermedad, con pensamientos como “¿por qué a mí?”; tristeza por la pérdida de la salud… hasta que poco a poco va aceptando la nueva situación a la que tiene que enfrentarse. 

Se le plantearán las diferentes formas de luchar contra el cáncer de mama, cirugía, radioterapia y quimioterapia. No sólo será el pecho de la mujer, su cuerpo, el que quedará afectado por este diagnóstico y el que tendrá que luchar contra esta enfermedad,  sino también la propia identidad como mujer que es. Su sentimiento de feminidad.

 

Su mundo laboral y personal quedan tocados y tiene también que enfrentarse a estos cambios: como la posibilidad de una baja laboral, lo que conlleva una readaptación de horarios; o en el caso de que tenga familia o hijos quizá no se pueda encargar de la misma forma de los cuidados de parientes, de los propios hijos o del hogar, como lo podía hacer antes. 

En la cirugía a la que se tenga que someter, si se tiene que someter a ella, puede que tenga que pasar por una extirpación del tumor, quitar un cuadrante de la mama o quitar la mama entera. La visión de su cuerpo sin esa mama donde antes podría sustentarse la identidad como mujer, ahora queda suplantada por una cicatriz. La mama de la mujer tiene una representación en el psiquismo de ésta muy ligada a la identidad femenina. Esta visión del cuerpo sin mama puede suponer en ella una pérdida del atractivo ante su mirada y ante la mirada de la otra persona que es su pareja o a la que quiere gustar. Cada mujer depositará un significado, un simbolismo, que puede afectar a cómo se ve a sí misma y, estos sentimientos, puede ponerlos en los demás bajo la idea de “cómo la ven”. Desde esta misma óptica se puede entender los efectos secundarios que trae consigo la quimioterapia, puesto que supone una pérdida del pelo, pestañas, cejas… cuya carga simbólica en relación a la feminidad y sexualidad femenina también es importante: la mirada, la melena etc. Cada mujer puede darle un significado diferente, un valor y una carga emocional que afectará a la identidad femenina, a su “ser mujer”.

 

No es necesario trabajar todos estos procesos junto a un especialista que le acompañe  en este camino de readaptarse a su imagen, o de afrontar esta enfermedad, pero hay quién si lo necesite o quién sí quiera repensar su identidad como mujer.